Índice del artículo

Don Enrique de Guzmán y Ribera II Conde de Olivares (1 de marzo 1540 - 26 de marzo de 1607)

Nacimiento y juventud

Don Enrique de Guzmán y Ribera, II Conde de Olivares, nació el viernes 1 de marzo de 1540, en Madrid, “aunque tiene su naturaleza en Sevilla, y en ella y en la corte pasó todos los años de su niñez y mocedad”, según Juan Alonso Martínez Calderón genealogista de su hijo don Gaspar. Su iniciación en el servicio de Palacio fue muy prematura, con tan solo catorce años acompañó junto a su padre don Pedro de Guzmán a Felipe II, siendo príncipe, en los viajes que hizo por Europa, también le acompañó como paje en la jornada de Inglaterra en 1554, cuando el príncipe fue a casarse con la Reina de Inglaterra, María Tudor. Estuvo luego en la guerra de Nápoles y en 1557 participó en la batalla de San Quintín (Francia), donde fue herido en una pierna, quedando cojo, circunstancia que aprovechaba después como pretexto para no ir más que adonde quería y que usarían de manera cómica sus adversarios para llamarle “el cojo”.

Muy joven encauzó su vida por las vías civiles y diplomáticas, según Martínez Calderón “su capacidad, era mayor que sus años”, y con tan solo 19 años fue embajador extraordinario en Francia para el nuevo matrimonio del Rey Felipe II con la Reina Isabel de Valois en 1559.

En 1561 obtuvo el hábito de la Orden militar de Calatrava. En 1569 muere su padre y con 29 años hereda el Título y Casa de Olivares. Ese mismo año, el Rey Felipe II, mediante carta y Provisión Real, le nombra Alcaide de los Reales Alcázares y Atarazanas de Sevilla y sus anejos, fechada en Madrid el 17 de septiembre de 1569. En 1570 estuvo presente en la cuarta boda del Rey Felipe II con su sobrina la archiduquesa Ana de Austria celebrada en Segovia.

A pesar de su intensa actividad en la Corte, don Enrique de Guzmán, no se despreocupó de su “Estado de Olivares”, sobre todo en sus trece primeros años como Conde (1569-1582), sino que por lo contrario lo acrecentó con la ayuda de su madre, doña Francisca de Ribera. Fue un hombre capacitado, ambicioso y muy minucioso en los detalles, dedicó su larga y distinguida carrera al servicio de la corona.

En 1572, en sus obligaciones en la Corte, el Conde de Olivares, como Alcaide de los Reales Alcázares de Sevilla y en nombre del Rey, firmó con el Prior y Cónsules de Mercaderes de esta ciudad la escritura de asiento y capitulación para edificar la Casa Lonja de Sevilla, hoy Archivo General de Indias. En este mismo año don Enrique y su madre impulsaron unas nuevas ordenanzas para el Pósito de Olivares.

Corría el año de 1578 cuando el Conde de Olivares comienza las negociaciones para la compra del señorío de la Villa de Albaida y su término, colindante al de Olivares, siendo la más importante adquisición de este Conde para la ampliación del “Estado de Olivares”. Mediante una Carta Real, escrita el 6 de agosto de este año en San Lorenzo del Escorial, se había delegado en Juan Ruiz Carrillo para que averiguase el número de vecinos y las rentas jurisdiccionales de Albaida que pertenecían al Deán y Cabildo de la Catedral de Sevilla. Mediante una Real Cédula fechada el 15 de diciembre del mismo año en el Palacio Real del Pardo, fue desmembrada de la iglesia de Sevilla la Villa de Albaida que por este tiempo contaba con 241 vecinos, “con su jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero mixto imperio, con el derecho de elegir sus justicias y demás oficiales concejiles, con las rentas, penas de cámara y de sangre, caloñas y mostrencos, gastos de justicia y yantar que pagaba el Concejo de la Villa al Deán y al Cabildo, escribanía y demás pertenencias de la jurisdicción, señorío y vasallaje de la misma”.

La escritura definitiva de venta real por Felipe II fue expedida en Badajoz el 15 de julio de 1580.

Los actos de posesión se detallan en la escritura de esta manera:

“El corregidor de la Villa de Albaida Juan Carrillo, acompañado por los dos alcaldes ordinarios, los tres regidores, el alguacil, el mayordomo, los dos alcaldes de la Hermandad y el escribano del Concejo de la Villa, y que recibió Don Juan de Zúñiga, a quien los señalados oficiales concejiles, al reconocerle como a su señor natural, en reconocimiento y vasallaje se fueron para él y, hincadas las rodillas, le pidieron las manos, y él los recibió por sus vasallos graciosamente, así como a otros vecinos. Sentados luego en la audiencia pública en el lugar más preeminente de la Casa de Palacio, sita en la plaza, recogió y devolvió las varas de las justicias y los oficios de los demás cargos concejiles, en demostración de que entraba en posesión de la administración de la justicia y de la facultad de nombrar los oficiales de ella y, para patentizarlo, nombro alcalde mayor de Albaida, cargo nuevo en la Villa por pasar a ser de señorío, a un vecino de la misma llamado Per Antón. Igualmente tomo posesión de la cárcel y el pósito, cuyas tres llaves guardaban el depositario, un alcalde ordinario y el escribano, e luego incontinente, el regidor y los alcaldes ordinarios, sacaron al dicho señor Don Juan de Zúñiga, fuera de la Villa, a un sitio que llaman Torre Mocha(11), donde se descubre y se ve todo el termino y jurisdicción de esta dicha Villa, y de todo ello le dieron la posesión, así como de la escribanía del Concejo, reconociéndose los limites de dicho término, situado entre los de Heliche, Olivares y Sanlúcar la Mayor”.

La operación de pago se realizó mediante trueque entre las rentas que el Deán y Cabildo catedralicio poseían en Albaida, por el traspaso en propiedad de diez casas que don Enrique de Guzmán tenía en Sevilla situadas en las collaciones de Santa María, San Ildefonso, San SalvadorSan Vicente y la Magdalena. Con todos los requisitos y condiciones habituales la escritura de “Trueque, cambio y permuta entre el Cabildo de esta Santa Iglesia y el Conde de Olivares fue otorgada en Sevilla, el día 26 de octubre de 1582”.

En 1605, después de 25 años de haberla adquirido, el Conde de Olivares compró a la Real Hacienda las alcabalas de la villa de Albaida.