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Su familia

Durante este proceso de la compra de la Villa de Albaida, centró sus deseos en contraer matrimonio y estuvo a punto de hacerlo con la sevillana doña Isabel de Zúñiga, hija de Alonso de Ortiz de Zúñiga y Juana de Quesada. Aunque terminaría casándose con una noble castellana de la Casa de Monterrey.

La mujer de don Enrique, doña María de Pimentel, la II Condesa de Olivares, fue una mujer extraordinaria, austera, religiosa, severa e influyente, características que heredó su hijo don Gaspar de Guzmán. Siendo niña y estando postrada por la enfermedad en el Palacio de Monterrey de Salamanca, fue visitada por Santa Teresa de Jesús, quien al parecer obró una curación milagrosa, por lo que veneró toda su vida a la Santa salmantina. Su hijo don Gaspar, a semejanza de su madre, fue gran devoto de la Santa de Alba de Tormes, y se enorgullecía de tener entre sus reliquias el corazón de Santa Teresa guarnecido de diamantes, esta reliquia la legaría a la reina, Isabel de Borbón.

La boda se celebró en Madrid, en 1579, cuando ambos tenían treinta años de edad. Doña María aportó al matrimonio una suculenta dote, 60.000 ducados y proporcionó a don Enrique el parentesco con varias de las familias más importantes de Castilla, los Monterrey, Fuentes o Frías. Doña María de Pimentel y Fonseca era una noble salmantina nacida en 1549 en el palacio de Monterrey de Salamanca, hija de don Jerónimo de Fonseca y Zúñiga, IV Conde Monterrey, salmantino, y de Doña Inés de Velasco y de Tovar, burgalesa de Berlanga. Nos podemos figurar su semblante por el parecido de su hija Leonor María, llena de inteligencia, nobleza y voluntad.

Fue tan ejemplar su vida que, según Martínez Calderón, su confesor, el jesuita padre Juan de Cetina, escribió su historia, después de su muerte. Tuvo buena mano para los negocios, hasta el punto de que su marido le confió la gestión y las cuentas de la casa. Durante su estancia en Roma y el Virreinato de Sicilia colaboró con su marido, planeando y realizando grandes obras sociales y de caridad entre los pobres, entre ellas la fundación de un refugio, en Palermo, para acoger a prostitutas y mujeres abandonadas a las que socorría e intentaba reformar. Fue coleccionista, durante los años que estuvo en Roma y Palermo, de reliquias sagradas y obras de arte, y además, ayudaba directamente a su marido “tomando las cuentas de los gastos con presteza y prudencia, ayudándole asimismo con tener correspondencia de muchas cosas que le podían embarazar”. El Papa Sixto V, el enemigo de su marido, le llamaba “la Santa Condesa”, por su religiosidad y ser tan piadosa.

Murió por sobreparto en 1594 a los cuarenta y cinco años, al nacer su hija Ninfa, en la ciudad siciliana de Palermo.

En los quince años de matrimonio de los segundos Condes de Olivares nacieron los siguientes hijos; el primero fue don Pedro Martín, que se educaría junto a su familia materna en la casa de Monterrey en Salamanca, en ese palacio se cayó por un corredor, falleciendo a los siete años de edad.

Don Jerónimo, fue educado como primogénito, al faltar el anterior. Le llevaba como tal su padre a Sevilla para instruirle en el gobierno de la futura hacienda, y a la vuelta de uno de sus viajes, murió a los veintiún años en la villa toledana de Oropesa, al caer del caballo, el martes 16 de noviembre de 1604. Entonces ascendió a primogénito el tercer varón, don Gaspar de Guzmán, el futuro Favorito de Felipe IV.

La cuarta hija fue doña Francisca, que se casó con el V Marqués del Carpió, Diego López de Haro Sotomayor, quien tuvo dos hijos; don Luis de Méndez de Haro, sucesor de su tío don Gaspar en la privanza de Felipe IV, y don Enrique, futuro cardenal, malogrado cuando ascendía con las miras puestas en el papado.

La hija quinta fue doña Inés, que casó con el VII Marqués de Alcañices, Álvaro Enríquez de Almansa, en cuyo palacio de Toro había de morir el Conde Duque.

Nació luego doña Leonor María, interesante mujer, intrigante y despierta, esposa de su primo el VI Conde de Monterrey, Manuel de Acevedo y Zúñiga. Vinieron después al mundo doña Mayor y don Gabriel, que murieron siendo niños y finalmente doña Ninfa que murió en Palermo costándole también la vida a su madre.