Don Enrique vuelve a España

Tras la muerte de Felipe II, y después de haber desempeñando distintos cargos diplomáticos durante 18 años en Italia, volvió a España en 1600, siendo nombrado por Felipe III, Consejero de Estado y Contador Mayor de cuentas, lo que hoy podría ser Ministro de Hacienda. En 1601 envió a estudiar a su hijo don Gaspar a la Universidad de Salamanca, de la que fue Rector.

Don Enrique de Guzmán vivió corrientemente en la Corte, entre Valladolid y Madrid junto a los monarcas Felipe II y Felipe III. Viviendo en la corte vallisoletana conoció a Juan de Roelas con el que mantuvo una estrecha amistad que sirvió al pintor flamenco para obtener una capellanía en Olivares.

El Conde y su primogénito se trasladaban ocasionalmente a visitar sus posesiones del “Estado de Olivares”. Después de los dieciocho años de su estancia en Italia, la primera noticia de que se tiene constancia de su viaje a Olivares es en 1603, “para estar allí cuatro meses a poner en orden las cosas de su casa, a las cuales no ha podido atender después que vino de Italia”. La administración y explotación de sus bienes raíces, enclavados todos en la tierra sevillana, la llevó el Conde por medio de un conjunto de administradores y funcionarios de todo tipo, Gobernadores Generales de su “Estado” como Hernando de Aguilar o Juan Gallardo de Céspedes que además fueron lugartenientes de la Alcaldía de los Reales Alcázares de Sevilla. Contadores del “Estado”, como Cristóbal de Ipeñarrieta, Cristóbal Ximenez, Gabriel Rodríguez de Alaejos y Juan Pérez de Ocariz. Mayordomos de Olivares, como Juan de Fuentes y Juan de Ledesma, Mayordomos de Castilleja de la Cuesta y Castilleja de Guzmán, Miguel de las Casas y Andrés Hernández. Camareros como Antonio de Carranza y Pedro de Oribe. Y Tesoreros como, Antonio de Salazar, Juan de Vargas, Diego de Guzmán Salucio, Esteban de Amundarain o Francisco Moscoso.

Por medio de estos funcionarios se realizaba la explotación de las tierras de los Condes de Olivares y se efectuaba la recaudación de las rentas. Las tierras, que en su totalidad se hallaban en los términos de su señorío en el Aljarafe, eran explotadas directamente o arrendadas o a través de cesiones a largo plazo o perpetua a cambio de un pago anual. Estos años serían muy importantes en el comercio de productos agrícolas a las Indias, siendo el más importante la exportación de vino del Condado de Olivares. En el inventario de bienes libres de don Enrique de Guzmán se relacionan distintas deudas por el envío de determinadas cargas de vinos en 1602, otras 368 pipas de vino enviadas al Nuevo Mundo en 1605 en la flota de Alonso de Chaves u otras 479 pipas de vino enviadas en 1606. Además hay relación de otros productos exportados, aunque en menor cantidad como arrope o plantones de olivo a Nueva España actual Méjico.

Según el historiador don Antonio Herrera García, el capital estimado que había reunido el II Conde de Olivares en estos primeros años del siglo XVII era de más de trescientos millones de maravedís lo que vendría a equivaler en poder adquisitivo de 1987 a más de dos mil quinientos millones de pesetas.