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Testamento, muerte y traslado a Olivares

En el testamento que realizó el Conde poco antes de morir aparecen una serie de cuestiones que le preocupaban, por un lado el Monte Fideicomiso de la Casa de Olivares que había constituido dos años antes para que se cumpliera todo su conjunto, y por otro lado su atención para la construcción de su capilla y para su enterramiento en la Capilla Mayor de Olivares, en fase de construcción, para la cual estaban destinadas rentas del Monte para sufragar los gastos de tal capilla. Un monje de San Isidoro del Campo, donde estaban enterrados los primeros Condes de Olivares, escribía por estos años que “el Conde don Enrique de Guzmán quiere hacer un suntuoso sepulcro para enterramiento de sus padres y el suyo propio en la Villa de Olivares”.

Murió don Enrique a los sesenta y siete años, en su palacio madrileño cercano a la iglesia de San Pedro, el lunes 26 de marzo de 1607, según Luis Cabrera de Córdoba, historiador de la época, por un “tabardillo encubierto”, enfermedad parecida al tifus y transmitida por piojos, con fiebre alta y erupciones en todo el cuerpo. El cadáver fue depositado en el Noviciado de la Compañía de Jesús de esa ciudad que había fundado su hermana doña Ana Félix de Guzmán, Marquesa de Camarasa. Entregó el cuerpo don Baltasar de Zúñiga y lo recibió el padre Francisco Aguado que figurará mucho en la vida de su hijo, el Conde Duque.

Años más tarde, su hijo y heredero don Gaspar de Guzmán hizo efectivo el deseo testamentario de su padre, su cuerpo fue trasladado a la cripta de Olivares, acompañado por el Abad Mayor don Francisco Fernández Beltrán y don Cristóbal Ximenez Gómez, contador del Conde Duque, y con otros muchos criados suyos. Don Enrique había dispuesto en su testamento que cuando su cuerpo fuese llevado a Olivares, fuesen recogidos los de sus dos hijos fallecidos con anterioridad. En el largo viaje desde Madrid a Olivares, el cortejo pasó en primer lugar por el Convento de Santa Úrsula en Salamanca, para recoger los restos mortales de su primer hijo don Pedro Martín de Guzmán fallecido en esta ciudad siendo niño y que fue enterrado en el panteón de los Condes de Monterrey. Más adelante pasaron por la villa toledana de Oropesa, para recoger los restos mortales de su segundo hijo don Jerónimo de Guzmán, sepultado desde 1604 en el panteón de los Condes de Oropesa del Monasterio de San Francisco, tras haber fallecido allí.

El cortejo fúnebre, con gran pompa y boato, estaba compuesto por las tres carrozas fúnebres, varios carruajes y acompañados de la caballería, tras llegar dicho cortejo a la villa de Olivares, centro de su “Estado”, se organizó un gran funeral en honor al Conde y sus hijos, tras su finalización sus restos mortales fueron depositados en el Panteón Condal.