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Fue gran coleccionista e impulsora de obras pías

La esposa de don Enrique de Guzmán fue mujer extraordinaria, austera, religiosa severa e influyente, desde su voluntario apartamiento de la vida oficial. Se casó con don Enrique en Madrid, en 1579. Podemos presumir su figura por la de su hija Leonor María, de gran parecido a su madre y llena de inteligencia, nobleza y voluntad.

Mostró, doña María, siempre una profunda piedad y devoción religiosa. El Papa Sixto V, persona enfrentada y discrepante de su marido, la llamaba “la Santa Condesa”, como le recordó a su hijo don Gaspar el arzobispo de Granada en una célebre reprimenda en los comienzos de su privanza.

La segunda Condesa de Olivares fue una gran coleccionista de reliquias sagradas y de obras de arte durante los años que estuvo junto a su marido en Roma y Palermo. Siendo la gran promotora de la excepcional colección de reliquias que hoy podemos contemplar en la Colegiata de Olivares.

Impulsó junto a su marido la fundación del Monte Fideicomiso de la Casa de Olivares, uno de los primeros instituidos en España, un Monte de Piedad parecido a los que habían conocido durante su larga estancia en Italia y que perseguía realizar:

“Obras pías, tales como la Capilla de Olivares, socorro de necesidades de los vasallos de la casa y de los feligreses de las iglesias donde aquella Capilla tuviese beneficios anejos, ayudas para los conventos de monjas pobres de Sevilla, redención de los dichos vasallos y feligreses cautivos, donación de cálices y ornamentos sagrados a las iglesias de los lugares del Estado, etc...”

“Dotes para las hijas de los señores de la Casa de Olivares, especificándose cuantías, condiciones y circunstancias, así como para aquellas que entrasen en religión, incluyéndose explícitamente a las hijas de su hermano don Pedro de Guzmán, que había dejado preñada a la señora doña Francisca Osorio, su mujer.”

“Redención de censos situados sobre la Casa y adquisiciones en acrecentamiento de ella, extendiéndose en largas instrucciones precisas para llevar a cabo su ejecución y para cuyo fin ha de ser dedicado todo el beneficio que quedase de las rentas del Monte, una vez cumplidas las anteriores obligaciones.”

Durante el Virreinato de Sicilia colaboró con su marido, planeando y realizando grandes obras sociales, entre ellas la fundación de una Casa de refugio en Palermo bajo la advocación de Santa María la Mayor de quien fue siempre muy devota, para acoger a prostitutas y mujeres abandonadas a las que socorría e intentaba reformar y por las que se preocupaba mucho. Y, además, ayudaba directamente a su marido “tomando las cuentas de los gastos con gran presteza y prudencia, ayudándole asimismo con tener correspondencia de muchas cosas que le podían embarazar”.

Según los cronistas que la conocieron, su austeridad castellana, su religiosidad severa, y la afición a los papeles en el cuidado del bufete, fueron tres de las principales características de la II Condesa de Olivares, que luego fueron protagonistas también en su hijo don Gaspar de Guzmán.