Juan de Roelas 1570-1625

 

Juan de Roelas (601), creador de la escuela naturalista sevillana, vino a la vida en el condado de Flandes (602) hacia 1570, una de las diecisiete provincias de los denominados Paises Bajos Españoles (603).

Hasta finales del siglo XX los biógrafos y estudiosos de Roelas, habían venido identificándole con su homónimo fray Juan de Roelas y Córdoba, clérigo de la Orden de Nuestra Señora del Carmen, nacido en Sevilla en 1561 y fallecido en la misma ciudad en 1632, conocido como un insigne teólogo y por haber publicado en 1621 un tratado titulado “Hermosura corporal de la Madre de Dios”. Esta identificación errónea, que hoy está completamente descartada, tuvo su origen en la información aportada por Ceán Bermúdez (604), según la cual el pintor habría nacido en Sevilla entre 1558 y 1560, en el seno de la distinguida familia de don Pedro de Roelas, general de la armada y de la Carrera de Indias, fallecido en 1565 en Puebla de los Ángeles, virreinato de Nueva España, hoy Méjico.  Después, manteniendo esta filiación, el Conde de Viñaza, aportaba el nombre de doña María de Guzmán como madre del artista. Sin embargo, en la biografía de Antonio Palomino (605), aunque se le considera natural y vecino de la ciudad de Sevilla, apunta ya el origen flamenco de sus padres.

Sería en el año 2000 cuando la historiadora, investigadora y profesora titular de la Universidad de Valladolid, María Antonia Fernández del Hoyo (606), en un artículo publicado en el Boletín nº 4, (2000), pp. 24 a 27, del Museo Nacional de la Escultura de Valladolid titulado “Juan de Roelas pintor flamenco”, demostraba el origen flamenco del pintor, así como su presencia en Valladolid (607), desde el año 1594.

 Son dos los documentos que avalan esta tesis. El primero está fechado el 8 de marzo de 1594, en él Jacques de Roelas y su hijo Juan de Roelas, ambos flamencos y vecinos de Valladolid, se comprometen a pagar 300 reales a Juan Fernández como devolución de un préstamo recibido de este racionero de la catedral de Palencia. El segundo documento, datado el 16 de junio del mismo año 1594, se refiere al alquiler de una casa que padre e hijo tomaron en la calle de los Baños, cuyo documento firmaban como Jacques de Roelas, pintor, y Juan de Roelas su hijo, también pintor y con una edad declarada de 25 años cumplidos, mayoría de edad en la época, (por lo que habría nacido hacia 1570).

Fernández del Hoyo refuerza esta teoría comparando la firma de Juan de Roelas con otra que aparece en una escritura del 28 de mayo de 1598, tras haber realizado la tasación de pinturas y esculturas que dejó a su muerte doña Luisa Enríquez, hija de la marquesa de Poza y viuda de don Francisco de Fonseca y Ayala, señor de Coca y Alaejos. Asimismo, una nueva firma de similares características aparece en un documento del 9 de febrero de 1602, en el que “Juan de Roelas pintor” puja por las casas que habitara Juan de Juni cerca del Convento de Sancti Spiritus Valladolid, que finalmente no lograría conseguir.

Faltaba la comparación de las firmas vallisoletanas cotejándolas con la de la carta de pago que Roelas otorgó sobre sus últimas pinturas realizadas para la iglesia del Convento de la Merced de Sanlúcar de Barrameda.

De todo lo expuesto, se deduce que el pintor Juan de Roelas era hijo de otro pintor flamenco y que estuvo activo en Valladolid desde que superó la mayoría de edad hasta 1602. En Valladolid participó en 1598, junto a otros pintores locales, en la traza de un túmulo funerario que la Universidad costeó para las honras fúnebres del Rey Felipe II (608). También en Valladolid se ordenó sacerdote, permaneciendo activo en la ciudad hasta finales de 1602, cuando, tras conseguir la protección del Conde de Olivares, don Enrique de Guzmán, decidió trasladarse a Olivares como capellán.

El pintor Juan de Roelas además de ordenarse clérigo, estudió humanidades, ello le llevó a ostentar el título de licenciado, todo ello simultaneado con el cultivo en el arte de la pintura.

De su época juvenil y de su formación como pintor poco se sabe, nos podemos imaginar que comenzaría en su Flandes natal bajo las directrices de su padre, Jacques de Roelas, que también era pintor. Más tarde se intuye que tuvo que viajar a Italia, y más concretamente a Venecia donde completaría su formación. Allí hubo de contactar con la escuela veneciana por la influencia en su pintura de pintores como Tintoretto, Veronés o Bassano.

Juan de Roelas, tras su llegada a la Península, vivió en Valladolid durante varios años. Se le ha documentado en la ciudad del Pisuerga desde 1594 a 1602. En 1598 trabajó en el catafalco erigido por la Universidad pinciana con motivo de la muerte del Rey Felipe II, así como en 1601 lo hacía con el pintor italiano Bartolomé Carducho, por cuenta del Duque de Lerma (609), en la iglesia del convento de San Pablo (610).

En este ambiente cortesano tuvo que conocer Roelas, al Conde de Olivares, don Enrique de Guzmán (611) y a sus hijos don Jerónimo (fallecido en 1604) y don Gaspar de Guzmán (612). Los Olivares tras la muerte de Felipe II, y después de haber desempeñado distintos cargos diplomáticos en Italia (Embajador ante la Santa Sede 1582-1591, Virrey de Sicilia 1591-1595 y Virrey de Nápoles 1595-1599), volvieron a España en 1600 siendo nombrado don Enrique por el Rey Felipe III (613), Consejero de Estado y Contador Mayor de cuentas, lo que hoy podría equivaler a Ministro de Hacienda. Durante varios años en Valladolid, Roelas trabajaría al servicio del Conde de Olivares.

Por estos años el Conde de Olivares entre sus múltiples servicios a la Corona, se encontraba dando ocupaciones de capellanías para su Capilla Mayor de Santa María la Mayor de las Nieves de Olivares (614).

Tras concedérsele una plaza de capellán, Juan de Roelas llega a Olivares.

 

De Valladolid, Roelas debió de partir en los últimos meses de 1602, porque su nombre aparece ya desde enero de 1603 en las cuentas de la Capilla Mayor de Olivares recibiendo su sueldo como capellán, hasta marzo de 1606. Aunque esta puerta hay que dejarla abierta a la investigación, ya don Antonio Mesa Jarén, párroco emérito de la Colegiata de Olivares, apunta en su libro, “Crónicas de una iglesia: La Capilla Mayor y la Insigne Colegial de Olivares” (615), publicado en 2013, que Juan de Roelas formaba parte del cabildo de capellanes de la Capilla Mayor de Olivares en 1597.

De su actividad artística en estos años, el pintor, historiador y crítico de arte asturiano Juan Agustín Ceán Bermúdez señala que pintó aquí cuatro lienzos de la vida de la Virgen para el licenciado Alonso Martín Tentor, que se conservan en la Colegiata de Olivares. Podemos señalar que estas pinturas por sus características han sido posteriormente atribuidas por otros expertos al círculo de Francisco de Zurbarán, y datada su realización hacia 1630.

La proximidad de Olivares con Sevilla (617) permitió a Roelas realizar diversas obras pictóricas con tal éxito que le proporcionaron una creciente clientela, hasta el punto de renunciar a su capellanía en Olivares para instalarse en la capital. En junio 1606 Juan de Roelas pasa de capellán de Olivares a ser capellán de la parroquia del Divino Salvador de Sevilla (618), siendo en estos años cuando debió de comenzar la ejecución de muchas de las obras importantes que pregonarían su fama a la posteridad.

Según el catedrático emérito de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, Enrique Valdivieso (619), uno de los mejores investigadores de la vida y obra de Juan de Roelas, “este fue el primer artista de la historia de la pintura sevillana que supo humanizar lo divino y acercar el espíritu religioso a la mentalidad popular”. Para conseguir el naturalismo en su pintura, contribuyeron dos causas, su maestría de gran pintor y ayudado por su condición de clérigo, por lo tanto “conocía el espíritu de la gente de carácter popular, y supo vincular perfectamente el misticismo del cielo y naturalismo de la tierra”.

El prestigio como pintor fue tal que lo consideraron por esos años el maestro más importante que trabajaba en la ciudad del Guadalquivir, lo que provocó el recelo y la preocupación del mejor pintor sevillano antes de la llegada de Roelas a Sevilla, Francisco Pacheco (620). El primero de los pintores emergentes que haría sombra a Pacheco en Sevilla sería Juan de Roelas. Por este motivo Pacheco llegó a calificar a Roelas como “diestro en el colorido, aunque falto en decoro”.

Su producción durante estos años fue incesante, realizó trabajos tan importantes y espectaculares como el gran Retablo de la Casa Profesa de los Jesuitas en 1604, hoy iglesia de la Anunciación (621), el Triunfo de San Gregorio (622) en 1608 para el Colegio Inglés de Sevilla, hoy la pintura se encuentra en el colegio de San Albano de Valladolid. En 1608 también pintó el imponente Santiago en la batalla de Clavijo (623) para la capilla de Santiago de la Catedral de Sevilla, en 1610 La Visión de San Bernardo (624) para el hospital de San Bernardo de Sevilla, hoy conservada en el Palacio Arzobispal de Sevilla. En 1612 con motivo de haber sido admitido como hermano en la Hermandad Sacramental de San Pedro, pintó La liberación de San Pedro (625). En 1613 realizó El Tránsito de San Isidoro (626), una monumental obra para el altar mayor de la iglesia de San Isidoro de Sevilla. En 1615 para el Hospital del Espíritu Santo ejecutó la magnífica pintura La Venida del Espíritu Santo (627), en este mismo año pudo realizar para el Colegio de Santo Tomás de Aquino el cuadro del Martirio de San Andrés (628), santo patrono de los flamencos y es posible que también pintara por esta fecha La educación de la Virgen (629) para el Convento de la Merced hoy Museo de Bellas Artes de Sevilla (630).

En 1616 deja su residencia en Sevilla y se instala en Madrid (631), en julio de 1617 solicita la plaza de pintor de cámara del Rey Felipe III, vacante por fallecimiento del pintor italiano de origen genovés Fabricio Castello, y aunque la Junta propuso su nombre en primer lugar, el compadrazgo palaciego hizo que se concediese a otro artista de menores méritos, Bartolomé González, propuesto en segundo lugar, arguyéndose que llevaba nueve años haciendo obras por encargo del monarca.

Entre 1616 y 1620 estuvo afincado en Madrid, continuando con su producción pictórica. En esta etapa madrileña realiza lienzos como la Alegoría de la Inmaculada Concepción (632) que se conserva en el Museo Nacional de la Escultura de Valladolid (633), según Valdivieso “esta obra constituye la mayor exégesis que se ha realizado en la historia de la pintura barroca europea” (explicación e interpretación de un hecho bíblico), también pintó a Cristo flagelado y el alma cristiana (634) que pertenece al Real Monasterio de la Encarnación de Madrid y para el Hospital del Niño Jesús de Madrid ejecutó La Resurrección de Santa Leocadia (635). De esta época en la ciudad y Corte, fue el magnífico conjunto de lienzos que adornaron el retablo mayor de la Iglesia de la Merced de Sanlúcar de Barrameda (636), por encargo del VIII Duque de Medina Sidonia.

Tras estos años de permanencia en la corte, regresó Roelas a Olivares en 1620, consagrándose aquí afanosamente a los trabajos de su taller, donde le ayudaron varios de sus discípulos. De esta última etapa de su vida deben ser las pinturas como, La Sagrada Familia (637) que pintó para la Casa Cuna de Sevilla o la Virgen de la Merced de la Catedral de Sevilla (638). Sus últimos lienzos realizados entre 1623 y 1624 fueron para completar la decoración de la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced de Sanlúcar de Barrameda.

Quizás el motivo de su vuelta fuese alguna promesa de don Gaspar de Guzmán, patrono de la Capilla Mayor de Olivares, de otorgarle una canonjía cuando dicha Capilla Mayor fuese elevada a Colegial. En marzo de 1623 la capilla de Olivares fue elevada a Colegiata, haciéndose efectiva la promesa, siendo Juan de Roelas nombrado canónigo in pectore de la misma, ya que el primer cabildo de canónigos no se constituyó hasta 1627.

El lienzo de la Procesión al Monte Esquilino (639), realizado hacia 1624, es uno de los exponentes de la participación pictórica y artística que Juan de Roelas dejó a su pueblo de adopción, Olivares. Posiblemente fuese un encargo del Conde Duque de Olivares, ya que representa en su parte superior la imagen de Santa María de las Nieves con el Niño, advocación que sus padres don Enrique de Guzmán y doña María de Pimentel, los II Condes de Olivares, trajeron consigo, a la villa, desde Santa María la Mayor de Roma, ciudad en la que vivieron casi diez años ocupando la embajada española ante la Santa Sede.

El lienzo presidió el Altar Mayor respondiendo al deseo de don Gaspar de Guzmán de que figurase una pintura de la Virgen al estilo de las madonnas italianas, el cuadro fue trasladado al hospital de la Vera Cruz en 1666, por las obras de la Colegiata. Volvió al templo colegial a finales del siglo XVIII, donde se encuentra ubicado en la actualidad en la una de las capillas de la nave de la epístola.

Fruto de las investigaciones llevadas a cabo por el profesor y doctor en historia del arte, el alixeño Juan Prieto Gordillo (616), ha localizado tras investigar el testamento del III Abad Juan Bautista Navarro (640), cuatro pinturas de Juan de Roelas realizadas a comienzos del siglo XVII en Olivares, se tratan de cuatro lienzos, El Salvador, San Pedro Pontífice, Nuestra Señora de la Inmaculada y La Santa Cena, localizadas en la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Castilleja de Cuesta.

En su testamento el Abad dona en 1678 al Convento de Nuestra Señora de la O de franciscanos descalzos de Castilleja de la Cuesta, estos cuatro lienzos junto a otras ochenta pinturas, para que con su posible venta, pudiesen sufragar los gastos para la construcción de la nueva iglesia y claustro del Convento de Castilleja. Estos frailes habían habitado años atrás el Convento de la misma advocación y orden que fundaron en Olivares, don Gaspar de Guzmán (641) y su mujer doña Inés de Zúñiga (642), dedicado a San Diego de Alcalá (643), en enero de 1626.

Tuvo numerosos discípulos, cosa explicable ya que  Juan de Roelas fue “El maestro ideal de los mayores pintores españoles del siglo XVII”, debiendo contarse entre ellos tanto los que recibieron sus enseñanzas directas, como cuantos estudiaron al gran pintor en sus obras, recibiendo la decisiva influencia del mismo.

Entre los primeros se encuentran los sevillanos Francisco Varela, autor entre otros cuadros, del retrato de Martínez Montañés (644) perteneciente al Ayuntamiento de Sevilla, Francisco de Herrera el Viejo (645), “patriarca de los impresionistas”, Juan de Uceda, Juan del Castillo, que fue maestro de Murillo y el luxemburgués españolizado Pablo Legot.

Entre los segundos, los jóvenes Diego Velázquez (646), Alonso Cano (647), Bartolomé Esteban Murillo (648) o Francisco de Zurbarán (649), son los grandes genios pictóricos de la generación siguiente que más denotaron haber seguido la corriente impuesta por Juan de Roelas.

En cuanto a su carácter de vida, el pintor y tratadista cordobés Antonio Palomino, escribió de Roelas “Ser hombre muy pío y muy limosnero; de suerte que a la más humilde viejecita que le pidiese una pintura no la dejaba desconsolada, aunque fuese sin interés alguno”.

Ceán Bermúdez sintetizó el gran mérito de Roelas al proclamarle “el pintor que entendió mejor que ningún otro de Andalucía, las reglas de la composición y del dibujo, dando mucho efecto a las figuras con dulzura y suavidad, imitando la naturaleza con grandiosidad de formas y caracteres, y el que mejor que imitó en España las tintas y colorido de la buena escuela veneciana”.

Juan de Roelas (650), que el 10 de septiembre de 1611 había hecho testamento en Sevilla, falleció en Olivares el día 23 de abril de 1625. Dos días después fue enterrado en la cripta de los Canónigos de la Colegiata (651), bajo la Capilla Sacramental (652). En el libro de difuntos se registra escuetamente su enterramiento: “En la villa de Olivares fue enterrado en la sepultura de la iglesia el licenciado Juan de Roelas, prebendado de la iglesia colegial de dicha villa…”.